
- ¿Qué hora es?
- no se, las dos, o las tres
- de la mañana?
- no, de la tarde
Las cortinas permanecían cerradas, Él recogía la ropa del cuarto, Ella permanecía sentada en la cama, con la mirada perdida haciendo un recuento del pasado, abriendo un abismo al futuro.
- ¿Es definitivo?
- tú así lo decidiste
- no, no lo hice
Las tardes nubladas de domingo nunca son buenas para aclarar la mente y decidir volver a empezar, vuelven los fantasmas y atormentan, viene la melancolía, viene la añoranza y la desazón. Ella miró la cama revuelta, pensó que sería la única en saber, pero que pronto olvidaría; miró las grecas de la alfombra, las lámparas, la pequeña tarjetita junto al teléfono, quería memorizar cada milímetro de un último recuerdo.
- Está nublado
- no es algo raro
- sólo decía
Los preámbulos a los adioses suelen ser más duros que los adioses, pensar en lo que dolerá, no hoy, sino mañana y después de mañana, y no saber hasta cuándo dolerá.
- ¿es hora?
- así parece
Salieron de la habitación que albergó el último momento que pasarían juntos dejando en ella los sueños y esperanzas. Ninguno supo porqué no intentó evitar el adiós, era como si una sentencia los tuviera marcados. Un último beso, tan insípido como doloroso cerró el capítulo más oscuro de sus vidas.
Ella lo recuerda a Él, Él piensa en Ella. Ninguno llama