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Anteojos

13 octubre 2008
Esta canción la amé desde que la conocí, se me hizo dulce y tierna, esperaba usarla para un momento que se asemejara más, pero el título y el hecho de estrenar lentes me obligaron a colocarla hoy aquí. La escuché por primera vez, como muchas otras, en la radio ciudadana, la autora e intérprete es Gabriela Serralde, la canción, Anteojos.


Hoy fue un día especial en el que hubo un acontecimiento, que aunque simple, es especial: estrené, lentes, o como diría la canción, anteojos.

El hecho tuvo un efecto en mi ánimo significativo porque resulta que el día del examen me dijeron que mi miopía había disminuído 0.25 dioptrías lo cual no sólo causó sorpresa sino también mucha alegría en mi. Aún no se cómo es esto posible, según la persona que me realizó el diagnóstico dice que por lo general creemos que con la edad el aumento crecerá pero que no es necesariamente una regla y que en efecto, como en mi caso, puede disminuir. Si alguien de ustedes queridos lectores sabe algo del tema les agradcería enormemente me ilustraran un poco.

La noticia no sólo me emocionó por saber que las micas de los lentes serían más ligeras y delgadas sino por un significado más simbólico, de esos que mi mamá sabe bien y que dice que la miopía significa literalmente no querer ver lo que sucede ante nosotros (sí, así de rudo, no querer). Así que si lo transfiero a mi contexto significaría que las cosas para mí son más claras, y que ahora no sólo quiero, sino que me gusta ver lo que hay ante mi.

¿podría ser?

Danzo al compas del reloj

18 diciembre 2006
Desde hace como unos cinco meses empecé a tomar unas clases de baile de salón en el deportivo que está junto a mi trabajo. Me agrado la cercanía, los horarios, las cuotas y sobre todo bailar.

Siempre me ha gustado bailar, dicen que tengo de dónde sacarlo y les creo, mi abuelita fue bailarina y profesora de ballet y supongo que algo se me habrá colado en la sangre. De hecho cuando era chiquita yo decía que quería ser bailarina, como es de suponerse en estos casos el desengaño fue pronto, pues para mis diez años cuando intenté entrar a la academia de baile me batearon diciéndome que además de no dar el ancho, estaba muy ancha. Claro que esas no fueron las palabras exactas, el punto es que me dijeron que por mi fisonomía no era candidata.

Después de aquel duro golpe seguí con mis clases de ballet pero ya sin intenciones de dedicarme profesionalmente al baile. Ahora es uno de mis pasatiempos favoritos, desafortunadamente no he podido practicarlo tanto como he querido, pero sí he estado en algunos talleres de jazz y ahora baile de salón.

A veces en este tipo de actividades se da la oportunidad de tener presentaciones en foros o teatros, cuando estuve en los Talleres Libres de la UNAM tuve el honor de presentarme junto con mi grupo de jazz en la Sala Miguel Covarrubias presentando una coreografía de la música de Molin Rouge (sí, esa que cantaba Cristina Aguilera y compañía), pero además colaboré para el diseño del vestuario y la escenografía. (Sé que tengo ese video en algún lugar, tendré que buscarlo).

En esta ocasión, con motivo del festival de fin de año de la academia a la que pertenece mi profesora, Xóchitl Renteria de la Academía Félix Rentería, nos presentamos el domingo 10 de diciembre en el Teatro Ramiro Jimenez. Yo sólo bailé un número, un rock and roll el del compás del reloj, este es el video casero que me tomó mi hermano, y cuando digo ME tomó lo digo muy en serio eh.

Se que después de todo, no soy la mejor bailarina, pero lo que sí se es que esos minutos que estuve (y en general cuando he estado en un escenario) fui muy feliz, me sentí muy satisfecha por mi esfuerzo y sobre todo, que esos tres minutos me pertenecian a mi y sólo a mi. Es un rollo algo complejo en el que luego me extenderé más, por lo pronto los dejo con mis tres minutos de fama. No les digo quién soy porque aunque no me conozcan pronto sabrán cuál soy, por el zoom.